Cuando aun no había cumplido 5 años, ya tenia un par de cosas claras: No me gustaba ir al jardin de infantes (kinder garden o como quieran llamarlo). Prefería quedarme en mi casa jugando, durmiendo o mirando dibujos animados, antes de encerrarme 4 horas en un lugar desconocido y con pocos atractivos para un niño de mi edad. Claro que por mas rabietas que armara, a mis viejos (mis padres) no les quedaba mas remedio que mandarme, porque ellos tenían que ir a trabajar y alguien tenia que cuidarme. Una vez que llegaba al jardín la cosa cambiaba un poco, porque la verdad es que extrañaba a mis compañeros de clase y como por esa época vivíamos en un departamento en la capital, había pocas ocasiones en las que podía socializar con otros chicos. Pero definitivamente, no me gustaba ir al jardín.
Nada de lo que sabemos es del todo cierto. Nada de lo establecido debe ser definitivo. Nada de lo malo tiene porque existir. La civilización es un invento nuestro. Nosotros la podemos volver a inventar.
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lunes, 25 de febrero de 2013
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